Tienes razón, Gina: tus danzas no son un «hobby».
¿Sigues pensando en términos dualistas «trabajo-aficiones»? ¿Sí? Pues te recomiendo que sigas leyendo:
Nuestras actividades profesionales ocupan un lugar de honor en nuestra biografía, pero ello no debería implicar que el desempeño de una actividad (directamente) remunerada, convierta inmediatamente a nuestras otras actividades en «hobbies», distracciones o aficiones, sin más.
Desde hace años, vengo enmarcando mi abanico de actividades remuneradas y no remuneradas en una taxonomía de agenda que presenta un aspecto similar a este:
-Obligaciones profesionales.
-Actividades semiprofesionales: formaciones y prueba de sistemas íntimamente relacionadas con mis actividades profesionales.
-Actividades principales o primarias: desarrolladoras o posibilitadoras de habilidades innatas, básicas o llanamente útiles para cualquier otra actividad presente o futura. ¿Verbigracia?: el estudio de un Grado o la práctica de algún deporte.
-Actividades secundarias o hobbies. ¿Ejemplo?: ver ese show tan hilarante que es Brooklyn 9-9. Sí, ahí es donde tienen cabida nuestros hobbies, Gina.
En ese sentido, mi (limitado) tiempo «libre» (no ocupado en tareas profesionales ni en obligaciones familiares) lo suelo distribuir haciendo uso de la regla 70%-30%. Es decir, el 70 % de mi tiempo no ocupado en tareas que usualmente se consideran como «obligaciones», las suelo invertir en actividades semiprofesionales y actividades principales o primarias, tales como la redacción, el dibujo, la lectura o la formación (reglada o no). El resto (30 %), veo por vigésima vez la última saga de Dune.
Ya, claro, Iván, pero… todas esas actividades no están remuneradas, de ahí que se consideren «hobbies».
Por supuesto, estimado colega, ¿pero sabes por qué llego a obtener un mínimo rendimiento profesional o intelectual? (es decir, por qué se me ha contratado in the first place) [momento de reflexión] Eso es, porque entreno mi memoria, mi capacidad de análisis; porque desarrollo mis culturas general y especializada o particular; porque aprendo otros idiomas, porque mi capacidad de asimilación de datos mejora con cada lectura o cada formación superada; porque entreno mi velocidad de redacción efectiva. Porque mejoro como persona y académico y, por ende, como profesional.
De ahí que sea «contratable». ¿Ves por dónde voy? (Pst, y también porque no sólo estamos y somos en este mundo para trabajar… pero eso entre tú y yo).
El hecho de plantearte una estructura de agenda coherente te conducirá a una mejora en la distribución eficiente de tus tareas e incrementará tu rendimiento profesional y personal. Al menos, así ha ocurrido conmigo. Al fin y al cabo, ser adultos (en particular, los que tenemos familia) nos obliga necesariamente a ser y estar más eficaces, formados, organizados y activos.
Ala, a seguir disfrutando de nuestras actividades 😉

Deja una respuesta