Arte vs IA, primera parte

El vídeo de presentación de GPT-5 dedicado a las artes escritas me decepcionó; me dejó frío y pensativo. ¿En qué pensaba? Pues no precisamente en su contenido, escasamente imaginativo, sino en la cadena de actividades, instrucciones, entrenamiento y, en definitiva, en el abanico de ejercicios metaliterarios y preliterarios que un LLM posibilita en la mente de un artista de la palabra imaginada o la imagen escrita, que tanto monta, monta tanto.

Desarrollaré el argumento desviándome de esta introducción por unos instantes. Ponte en situación: post de LinkedIn bien escrito y relativamente útil en términos de contenido; en la sección de comentarios de dicho post, un avispado glosador discurre más o menos así: «Es muy interesante este texto que has publicado, aunque si lo hubieras escrito tú sería aún mejor. Anda, facilítanos el prompt».

Estos comentarios me dejan igualmente pensativo por lo directos, sencillos y ávidos de originalidad. Por un lado, estoy de acuerdo en que la originalidad, la espontaneidad y la capacidad artística son habilidades o características laudables de un texto, pero no es menos cierto que la riqueza de cualquier contenido vertido en la red (también la de un post), se mide igualmente por la calidad de la información transmitida y lo coherente de su forma. Si este post ejecutado por un LLM de acuerdo con las instrucciones de una cabeza humana pensante resulta útil y ha sido elaborado conforme con un estricto baremo de calidad y formalidad, ¿por qué debería molestarnos o por qué deberíamos hacer de menos a su «autor»?

Veamos:

-Si demandamos originalidad, se podría argumentar que un buen porcentaje de los posts de esta o cualquier red social, carecen claramente de ella, a pesar de estar escritos por una humana cabeza. ¿O no?

-Si demandamos capacidad artística, sólo un mínimo porcentaje de los intervinientes en esta u otra red social, hace ostentación de ella. ¿O no?

-Y la espontaneidad es, en última instancia, un rasgo de la publicación, no una característica positiva o negativa del mismo. Y por qué no decirlo, a menudo, la espontaneidad juega malas pasadas en un contexto profesional. ¿O no? 😉

Distingamos dos escenarios:

Primero. Una cabeza humana pensante dotada de capacidad artística, originalidad y conocimiento suficientes, publica un post en una red social. ¿Situación ideal, no?

Segundo. Una cabeza humana pensante, haciendo uso de una cadena de prompts y alimentando la memoria del modelo con una base de conocimientos de su propia cosecha o acopio, se decanta por publicar un post en una red social. ¿Le hacemos de menos?

Pasemos a diseccionar el «divino» acto creador… ¡el próximo viernes! 🙂


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