Entre las veces que más me he emocionado aguardando el lanzamiento de un software en beta, se cuentan iPadOS 13 (2019) y su actual iteración, iPadOS 26, justo el mes pasado. Y tras haber probado esta última beta durante estos pasados días, no puedo estar más satisfecho con el resultado de los avances de este sistema operativo, a caballo entre un entorno móvil y de escritorio.
El iPad es para mí un dispositivo «mágico», adoptando el manido término marketiniano de Apple. Un precioso lienzo de luz y de metal concebido para y por la creatividad (destacaría el diseño gráfico, la toma de notas, sus aplicaciones de agenda y sus capacidades de automatización de tareas; el consumo interactivo y heurístico de contenidos audiovisuales y la ilustración digital, como sus atributos más estimulantes).
Y si además deseas transformarlo en un dispositivo portátil «tradicional», iPadOS 26 y sus renovadas prestaciones de gestión de ventanas estrechan aún más los márgenes entre las fronteras de lo que hemos atribuido ordinariamente a las diversas clases de dispositivos informáticos establecidas.
Sin embargo, no estoy de acuerdo con aquellos que proclaman a viva voz la posibilidad de transferir macOS al iPad. Quiero que mi iPad siga siendo una tablet multidisciplinar y polifacética, potenciada por un sistema operativo versátil y táctil, concebido para la interacción inmediata… o bien empleando la amplia gama de lápices o accesorios específicamente diseñados para él.
Sí que creo, no obstante, que la implementación de un SoC tan potente como son los integrados en la serie M, en un dispositivo tan limitado en términos de software, a duras penas justifica(ba) su precio… Hasta ahora. El mero hecho de ser capaces de redimensionar el espacio de uso de sus aplicaciones, aprovechando la funcionalidad completa de cada trozo de software en términos multitarea, ha posibilitado que el iPad se revalorice de la noche a la mañana.
Sí, hasta el punto de dejar en una posición «delicada» al Mac, al menos desde mi perspectiva o caso de uso particular, a saber: la de un adicto confeso a las aplicaciones de agenda, la suite nativa de Apple y la toma de notas creativa que, además, valora muy mucho la posibilidad de acarrear casi constantemente un dispositivo portátil que, ora puede ser empleado como cuaderno de notas, agenda o entretenimiento, ora como laptop tradicional.
Así que ya sabéis, a seguir disfrutando del torrente creativo originado aún desde el sol y el cielo de los de Cupertino. En otros posts me extenderé sobre el singularísimo workflow computacional posibilitado por el iPad.
Cheers!
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