Los verdaderos profesionales

No se nos denomina «profesionales» (de cualquier tipo o en cualquier sector) debido a nuestro éxito, sino precisamente por lo contrario: nuestra previsión del fracaso.

Confieso que me encanta ganar; adoro tener razón, éxito. Alcanzar el clímax final de un proyecto bien diseñado. El éxtasis de un contrato firmado. Algo que contar a nuestros superiores con la satisfacción de un trabajo bien ejecutado. Un resultado perfecto.

Pero la realidad, bien lo sabemos, es muy distinta.

Me da igual lo bueno que seas en tu trabajo: vives en sociedad; trabajas en grupo. Tu éxito es, en buena medida, el fruto del esfuerzo de otros tantos que conviven contigo (en tu misma organización o fuera de ella), o bien la feliz consecuencia del trabajo de otros que no llegaste a conocer.

No eres un punto único y apelable. Un círculo perfecto. Convives en un ecosistema falible, dotado de múltiples capas de posible disrupción del proceso de «normalidad»; algo siempre puede salir mal… y créeme que lo hará.

No se nos llama «profesionales» por dibujar el costumbrista retrato de una realidad idílica. Una realidad que sólo existe en nuestras cabezas. Se nos llama así por diseñar una estructura preparada para resistir y absorber las múltiples capas de falibilidad: ¿A quién ha de llegarle la notificación de fallo crítico y cuándo? ¿Quién recibe y valora el ticket de soporte de Impacto Alto? ¿Dónde reflejamos las diversas fases del proyecto o anteproyecto, con el objeto de llevar trazabilidad del conjunto? Ante un proceso no aclarado o explícito, ¿cómo proceder? Si no sé algo, ¿a quién preguntar? Si el sistema informático cae por causas ajenas o externas, ¿a qué protocolo deberemos de acogernos? Ante un fallo sistémico o general, ¿dónde ubicar las salidas de emergencia? ¿Se ha testeado el sistema antes de trasvasarlo a un entorno productivo? ¿Está debidamente securizado este endpoint? ¿Se ha previsto un backup de este repositorio documental crítico para mi organización? ¿Se están actualizando por escrito los protocolos de actuación? ¿Se está informando de tales cambios a los puestos intermedios?…

¿Está recayendo la carga de la prueba o la responsabilidad ante un escenario catastrófico exclusivamente en un solo ser humano? Un individuo falible, como lo somos todos. ¿Qué hay de sus responsables directos e indirectos? ¿Han previsto ellos tales escenarios de falibilidad?

Un profesional no se mide por dibujar escenarios perfectos en presentaciones o ruedas de prensa; se mide en función de sus capacidades de análisis (frío, objetivo) y articulación de escenarios de respuesta. Se mide en función de su empeño en horas de preparación, estudio, testeo, producción científica, profesional y creativa. Se mide por cómo ha hecho mejores a los demás y qué lagunas ha venido a cubrir durante sus años de experiencia.

Un buen profesional no se mide por su nivel de atractivo o comicidad, por escribir mensajes catchy en redes sociales o demostrar sus dotes de ignorante osado en un anuncio.

Un buen profesional (particularmente, un perfil responsable o directivo) dimite porque es consciente de que su inacción, ignorancia, impericia o inadecuación al puesto, ha contribuido al desastre colectivo.

A eso denomino yo un «profesional» (de éxito).


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