Adoro la tecnología y, en particular, la destinada a la escritura. Y adoro la tecnología pasada y la presente, sin distinción.
¿Recuerda la Canción del Pirata de Sabina? Aquélla en la que se imaginaba en el traje y la piel de esos hombres que nunca será. Pues uno de mis arquetipos anhelados, aunque no se lo crea, es el de vendedor de máquinas de escribir (entiéndase, de materiales de oficina) de los años 70 u 80. Heme ahí, armado de mi pluma oscura y brillante y mi cuaderno Miquelrius, enfundado en un traje y una corbata de color castaño, con una sonrisa de oreja a oreja y una camisa bien lucida y planchada y… sí, lo ha adivinado, un vehículo cutting-edge rojo vivo, Seat 127.
Con letra ágil, casi apresurada, me dedicaría a registrar minuciosamente las aficiones, preferencias y solicitudes de D. Manuel Peláez o Doña María Encarnación, distinguidos trabajadores de la Asesoría Peláez Peláez: «es muy aficionado al Real Madrid» o «te hace esperar más de 30 minutos», etc. A falta de CRM, me vería obligado a echar mano de memoria, notas manuscritas, voluntad y agudeza de buen comercial; ojo avizor a fechas de cumpleaños y vinos y turrones a colación de festividades navideñas. Y, cómo no, equipado con un lustroso género de muestra en forma de máquinas de escribir: Olivettis Letteras y Studios de todas las formas y colores ubicadas entre los asientos traseros y el maletero de tan excelso medio de transporte.
¿Mis argumentos de venta? «La agilidad y consistencia presentada por sus teclas»; «la extrema facilidad en los cambios de cinta». «¡Apenas se averían!» O en modelos más avanzados: «¡Lo adelantado de sus capacidades digitales!» «Dispone de memoria interna, ¡no vuelva a perder información valiosa, D. Manuel!»
Y desde las 6:00 AM me vería en esas carreteras inclementes, pedregosas y oscilantes, dispuesto a darlo todo en una jornada largamente preparada y distribuida en vértices de sobra conocidos: despachos profesionales, departamentos de administración, polígonos industriales, asesorías y gestorías. «Aquí tiene el catálogo del semestre, Doña Encarnación».
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Retornemos al siglo XXI. Durante mi andadura preventa y comercial, he tenido la gran suerte de visitar muchos despachos profesionales; algunos rezuman aún el aroma de esas otras épocas; otros, en cambio, se han adaptado a los tiempos, automatizándose sin mayor inconveniente; incluso los hay que han sabido conjugar ambas facetas en un mismo entorno, dejando perplejo al mundo y al visitante.
Se dice que la tecnología va marcando el avance de las sociedades, pero me inclino por explicar nuestra evolución achacándola a una amalgama de factores compleja; una retroalimentación entre lo que la sociedad va demandando, la intensificación en la velocidad de la vida (a todas luces, vertiginosa) y los cambios sobrevenidos en mercados e industrias. De ahí, la disparidad en el grado de digitalización que identificamos en según qué sectores.
En cualquier caso, la progresiva automatización de los procesos administrativos y la migración a la nube de nuestros repositorios documentales, en el contexto de ecosistemas digitales altamente complejos y competitivos, relega a estas décadas nostálgicas al pedestal de lo museístico.
Aunque una cosa está clara: Doña María Encarnación será siempre la misma, ya sea en los ochenta del siglo XX o en los veinte del siglo XXI: lo mismo nos hace esperar en un frío pasillo para ser atendidos que demora su respuesta a nuestro último correo electrónico… 🙂
¡Feliz Semana Santa!
P. D. En otros posts hablaré largo y tendido sobre máquinas de escribir y sus trasuntos contemporáneos, no lo dude.
P. D. 2. Si vivió o conoce historias de vendedores de material de oficina o de asesorías de esas décadas, por Dios, ilústrenos con sus comentarios.
Para saber más….
Olivetti en Navidad: https://youtu.be/IaXX4gMc5ys?si=LSKg1dFt4lCfovPM
Descarga de manuales, registro histórico: https://www.olivetti.com/es/soporte/descargar-manuales
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Si quieres conocer cómo puedo ayudar a tu negocio en su proceso de transformación digital, no dudes en ponerte en contacto conmigo: hola@tuconsultordigital.com.

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