El humanista debe ser un power user tecnológico.
No, no basta con una pantalla y un teclado para escribir en el siglo XXI. El humanista de los años 20 de este siglo, lo mismo que el humanista de los siglos XVI y XVII, debe ser gran conocedor de corrientes filosóficas, artísticas, económicas, históricas, sociales, geográficas o antropológicas de todo orden. Esta corriente prácticamente ilimitada de información fluía en bibliotecas y en el gran «libro de la Naturaleza» antaño; ahora, en cambio, conforma las bibliotecas digitales y físicas de esta nuestra gran Babilonia técnico-económica actual.
El humanista debe ser capaz de conocer los medios de llegar a esa información y saber conectarla, someterla a juicio y transformar esa masa aparentemente informe en arte o conocimiento científico.
No, no basta un teclado y un monitor en esta titánica empresa; debes hacer acopio de fuentes de información y formación continuas; ser conocedor y usuario de un inmenso abanico de aplicaciones, sistemas operativos, lenguajes, contextos y esquemas de trabajo. Idealmente, en un sistema polifónico de razonamiento sentiente o sentimiento intelectivo.
El humanista de hoy opera en cascada, contexto y coherencia. No basta con una computadora cualquiera o con cualesquiera sistemas digitales.
El humanista de hoy es un sysadmin del pensamiento. Un pensador, testador y transformador del sistema. Un ciberconsultor contra la insidia.
En definitiva, el humanista es un power_user.

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