¡ #microslop !, grita la red. Que Windows 11 es un fracaso relativo no debería llevarnos ya a la duda. Lo es: de acuerdo con las estadísticas de Statcounter Market Share OS, su uso (en un contexto, recordemos, de decaimiento de soporte de Windows 10) ha comenzado a bajar en paralelo con una cierta subida de Windows 10, macOS y Linux en sus vertientes desktop y Steam deck. Y fabricantes y proveedores mundiales como Dell comienzan a abandonar las estancadas aguas de la IA aplicada al mercado de consumo general. Cada videógrafo y escritor especializado en tech lo saca a colación al primer o segundo minuto o párrafo. Observamos un vocerío creciente que podría ser circunstancial, o bien estructural.
Pero… ¿lo es realmente? Es decir, un fracaso… un slop estructural, un cambio de tendencia. ¿Un fracaso de Microsoft? Veamos.
Las funciones prometidas de IA embebidas en Windows 11 constituyen en la actualidad antes un desiderátum o una pasarela de deseos vomitados periódicamente y a saltos al mercado que funcionalidades, aplicaciones y frameworks sometidos a un proceso minucioso de testeo e integración real en mercado, sea éste el de hogar o el B2B. Cada actualización mayor o menor parece afectar a la estabilidad del SO, y el modelo de suscripción y la minería de datos promulgadas por los de Satya Nadella no parecen convencer definitivamente a ningún sector de consumidores.
‘If ain’t broke, don’t fix it’ approach: ¿Era necesario Windows 11? Esa respuesta es muy sencilla: no. Windows 11 no vino a dar respuesta a ningún problema real, sea de avance tecnológico general (como fue el caso malogrado de Windows Vista) o de funcionalidad específicas (como lo fueron Windows 7 o 10). El fracaso cocido a fuego lento de Windows 11 está siendo más parecido al de Windows 8, lo que pone de manifiesto dos elementos:
1. Por un lado, Microsoft y su monopolio en desktop OS afecta de manera amplificada a un número inimaginable de usuarios, en términos de variedad de sector, volumen y perfiles de adquisición de hogar y oficina.
2. Este gigantismo obligaría a la multinacional a implementar modelos de lanzamiento y product life cycle mucho más refinados. Exquisitamente refinados, si se nos permite. Proyectos multidisciplinares que echaran mano de ramas académicas o científicas como la Sociología.
El proceso de lanzamiento y desarrollo de Windows 11 ha sido un verdadero desastre desde el comienzo (su misma aparición mediante una filtración en beta, pronosticaba ya la confirmación del ciclo de lanzamiento tradicional «Windows bueno/Windows malo» ).
Takeaway: todo sistema digital de uso masivo o general que ignore al usuario en su concepción, diseño y proceso de incorporación al mercado, queda abocado al desastre.
«#Microslop!» screams the web. That Windows 11 is a relative failure should no longer be a matter of doubt. It is: according to Market Share OS statistics, its usage—in a context, let us remember, of Windows 10’s decaying support—has begun to decline in parallel with a certain rise in Windows 10, macOS, and Linux across their desktop and Steam Deck variants. Meanwhile, global manufacturers and providers like Dell are beginning to abandon the stagnant waters of AI applied to the general consumer market. Every videographer and tech writer brings it up within the first minute or paragraph. We are witnessing a growing clamor that could be either circumstantial or structural.
But… is it truly? That is to say, a failure… a structural slop, a shift in trend. A failure for Microsoft? Let’s see.
The promised AI functions embedded in Windows 11 currently constitute a desideratum—a catwalk of desires periodically and erratically vomited into the market—rather than functionalities, applications, and frameworks subjected to a meticulous process of testing and real integration into the market, be it home or B2B. Every update, major or minor, seems to compromise the OS’s stability, and the subscription model and data mining promoted by Satya Nadella’s team do not seem to definitively convince any consumer sector.
«If it ain’t broke, don’t fix it» approach: Was Windows 11 necessary? The answer is very simple: no. Windows 11 did not arrive to solve any real problem, whether of general technological advancement (as was the ill-fated case of Windows Vista) or specific functionality (as were Windows 7 or 10). The slow-burn failure of Windows 11 is becoming more akin to that of Windows 8, which highlights two elements:
On one hand, Microsoft and its monopoly on desktop OS affect an unimaginable number of users in an amplified manner, across a vast variety of sectors, volumes, and home/office acquisition profiles.
This gigantism should force the multinational to implement much more refined launch models and product life cycles. Exquisitely refined, if we may. Multidisciplinary projects that draw upon academic or scientific branches such as Sociology.
The launch and development process of Windows 11 has been a true disaster from the start (its very appearance via a leaked beta already foretold the confirmation of the traditional «good Windows/bad Windows» launch cycle).
Takeaway: Any digital system of mass or general use that ignores the user in its conception, design, and market integration process is doomed to disaster.

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