Padezco del síndrome del impostor y soy muy feliz con y por ello.
¿Que siente usted que no es lo suficientemente bueno ni que sus logros le justifican como profesional (de éxito) en su sector o área de especialidad? Pues bienvenido o bienvenida al club de los profesionales eficaces. Si, por el contrario, percibe usted que ya lo sabe todo o se considera en la cima, pues bienvenido usted a las cenagosas costas del efecto Dunning-Kruger, no a la plenitud profesional.
Soy el primero que necesita desesperadamente formación en todo: soy el consultor más ignorante de todos los que alguna vez han sido. ¿Que escribo un mail? Debo revisarlo 10 veces. ¡Qué malo soy en esto! ¿Que redacto un informe técnico? Eso se merece una revisión constante durante dos semanas, en búsqueda de erratas, incorrecciones semánticas y gramaticales y aspectos omitidos o sobretratados… ¡Es que soy muy malo en esto! Debería de haberme dedicado a la ciencia_jurídica, ya lo decía mi padre.
¿Una sesión con cliente (exitosa)? Pues nunca es lo suficientemente buena; siempre aprendo de cuestiones no formuladas, palabras que nunca debieron ser pronunciadas; procesos que debieron ser tratados de tal o cual modo. Volumetrías ignoradas o en exceso tratadas.
Qué malo soy: debí dedicarme a otros menesteres: a pianista_de_burdel, por ejemplo.
Dude constantemente de sí mismo. Débase a la duda metódica cartesiana. Tiene razón: seguro que es usted muy mala o malo en lo suyo: debió dedicarse a hacer (mal) otra cosa.
Cogito ergo dubius sum.
Moraleja: no lo dude, es usted un impostor en un mundo de máscaras. And the show must go on, don’t you think?

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