No.
No busco top voices en LinkedIn ni gurús o expertos en la materia X para que me solucionen Y. Ni tampoco emprendedores exitosos o inversores que me resuelvan la papeleta.
¿Se ha puesto usted una foto de la Primera Comunión, autoproclamándose y arrojando al resto que a los 15 años salió de su casa y que, a los 16, ya tenía a su disposición un patrimonio de 300K por tal inversión fantabulosa y tal canal en Youtube?; que qué bien usted y qué mal les ha salido a los otros porque no presentaban el mindset adecuado (ajem, el suyo)? Pues ya lo sabe, con Iván Elvira y sus gatos ni medias cuentas ni medias tintas.
Tampoco busco clientes_ideales… ¿Quiénes son esos? Los que nos dedicamos a esto somos conscientes de que el error humano (inconsciente o deliberado) y los espacios de mejora son una constante en cualquier tipo de empresa y sector. Porque da igual lo grande o pequeño que seas: el proceso de mejora de los procesos debería ser una constante en tu modelo de negocio si lo que deseas es ser competitivo.
Y sí.
Adoro la realidad_tal_y_como_es y la la_realidad_por_llegar. Al fin y al cabo, «realidad» no es un más que un término que designa la materia bruta intermedia con la que trabajamos los consultores en nuestro día a día. Realidad moldeable, maleable y dinámica. Un concepto eternamente ubicado entre lo que «siempre se ha hecho así» y el «cómo empezaremos a trabajar mañana».
Nos encanta lo que hacemos: los cuellos de botella, las ineficiencias y los puntos_de_dolor constituyen nuestra agenda de trabajo entera.
En definitiva…
A mí los profesionales_experimentados, que tienen tanto que ofrecer y enseñar. Los luchadores_en_el_barro. A mí los clientes_dispuestos_a_mejorar (y también los que no: encantado de charlar con vosotros y de haceros cambiar de opinión [si puedo]).
A mí los realmente_exitosos; no tengáis dudas de que os leo o escucho con suma atención, aquí y en otros foros.

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