Esta historia no comienza con un post de Pavan Davuluri, destacado miembro del programa Windows Insider, sino con millones de usuarios clamando por cambios y más cambios y avances en el sistema operativo más extendido, instalado, debatido, amado u odiado del planeta Tierra. Windows. Ay, ay, Windows… Un runrún creciente se iba tornando en griterío, a la par que nuestros amigos Steam_OS y Linux Desktop se iban haciendo más y más mayores. Y cómo no podía ser de otra manera, ¡PUM! El tiro de gracia desde Cupertino, adoptando la (preciosa) forma de un MacBook de 13″ de hace más de una década.
Desde entonces, no sólo los Insiders (sino también los Outsiders), hemos tenido la oportunidad de asistir al lanzamiento de barras de tareas reposicionables, menús de inicio estirables y estrujables; búsquedas mejoradas (no era complicado :P); una mejor o más lógica distribución de los programas de mejora. La devolución al usuario del ritmo y la gestión misma de las actualizaciones. Una rapidez mejorada que hiciera uso de la CPU sin castigar tanto a la RAM. Y la capacidad de desinstalar Copilot. Copilot en Paint. Copilot en Bloc de Notas. Copilot en Copilot. Copilot en el Start Menu. Copilot en el FM. Y así.
Y K2: Una reingeniería cocida a fuego lento con el objetivo de hacer Windows great again.
Como bien sabe el que me lee asiduamente (si es que ese ejemplar existe por estos lares), aunque me decante por los NIX systems en mi vida privada, ello no implica, ni muchísimo menos, que deteste Windows. Este sistema operativo está embebido en lo más profundo de mi nostalgia; usarlo es como beber agua. Pero esta agua (turbia), me temo, comenzaba a enturbiar también a sus fabricantes de referencia, lastrando al mercado de PCs con su regusto tóxico. Aquello era intolerable e insostenible. Y todos lo sabían.
¿Conclusión? Puro recocijo. Me alegro mucho, de verdad. Estoy convencido de que nos volveremos a encontrar, Sr. Windows. Mientras tanto, aún queda mucho trabajo por escalar hasta la cima 😉

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