Hablemos de Historia. De historia cinematográfica y de hombres buenos. De Paths of Glory (1957) y de un personaje «idealista», protagonizado por Kirk Douglas.Ayer como ahora, los gobernantes enviaban al matadero a sus conciudadanos; mozalbetes anónimos (para ellos) a quienes lanzar contra ametralladoras y fuego de artillería a pecho descubierto. Un cóctel explosivo: resentimientos enquistados desde pasadas contiendas; una pugna por el poder en Europa y el escenario colonial. A una sociedad altamente clasista y estratificada se sumaba una ignorancia manifiesta sobre las desastrosas consecuencias perpetradas por una guerra industrial, relativamente novedosa en los años 10 del siglo XX. Añadamos a todo esto un enorme grado de exaltación azuzada por la propaganda estatal y… voilà: la peor guerra que hubiera conocido el ser humano hasta la fecha estalló en el polvorín de los Balcanes.
Una guerra que iba a acabar hacia las Navidades de 1914 fue evolucionando gradualmente hacia un laberinto-ratonera mortal: las trincheras del frente oeste. Me ahorro los detalles escabrosos; quien desee saber más, que busque.
He visto muchas películas bélicas y he leído, creo, lo suficiente sobre sendas Guerras Mundiales, como para saber que Paths of Glory es un peliculón que refleja magistralmente el sinsentido de las guerras en general y de ésta en particular. Sin embargo, los que peor quedan retratados son sus dirigentes y notables; los que, mientras tomaban té y almuerzos exquisitos y organizaban bailes en suntuosas mansiones, se dedicaban a enviar a pobres chicos a una muerte segura, exaltándoles cuando la mitad de ellos perecían tomando una colina humeante trufada de cráteres; o tachándoles de cobardes (y fusilándoles en consecuencia) cuando éstos primaban sus vidas por encima de estos ególatras y vanidosos generales o políticos.
Lo confieso: el Coronel Dax es mi héroe. Y lo es por múltiples motivos. Aún más en las actuales circunstancias o contexto internacional.
La del Coronel Dax es un tipo de valentía y rectitud moral que encontramos en numerosos personajes reales que vivieron tan extraordinarias y horrendas circunstancias; un tipo de valentía que, lamentablemente, observo escasear en una actualidad dividida y encendida por guerreritos que jamás vivieron en carnes la cruda realidad hacia la que nos envían (sí, un poco a todos).
Futuro y pasado se observan y reflejan continuamente. Nos extenderemos sobre ambas caras de una misma moneda en futuros posts.

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