Que no cuenten otros tu historia

No doy consejos ni lanzo recomendaciones a la ligera, pero allá va uno:

👉 No permitas que sean otros los que relaten tu historia. Que sean otros los que te representen o expresen tus deseos, preferencias, gustos o biografía sin tu consentimiento expreso. Sin tu presencia en la sala; sin tu mirada aprobadora o tu lectura satisfecha. Sin sentirte identificado.

Recordemos: la forma más rápida y directa de viajar de un punto a otro es la línea recta. Es decir, entablar una comunicación bilateral. Ejemplo: «¿Qué opinas de esto?» «¿Te gusta?» «¿Cuáles son tus expectativas?» «¿Adónde quieres llegar?» «¿Cuáles son tus objetivos?»

Esta aparente perogrullada no lo es tanto, considerando esa desviación cognitiva tan extendida entre nosotros los seres humanos: el etiquetado. El etiquetado del otro nos lleva a describirle «por encima»; a hablar en representación de él o ella. A tomar decisiones sin la presencia del aludido: «Hemos decidido que a partir de este momento, te encargarás de…» «Estamos de acuerdo, por supuesto». «No, seguro que él/ella no querrá hacerlo». «No, esas no son sus prioridades». «No, no creo que sea capaz de hacerlo».

La mala fe, la ignorancia o la simple vagancia del etiquetador nos condena a acercarnos más a la imagen externa que a nuestra verdad existencial interna. Y eso, amigos míos, es puro veneno en un contexto profesional… Y fuera de él.

La visibilidad de tu rendimiento laboral constituye un buen ejemplo de esto que trato de decir: ¿Cuántas veces no habrá ocurrido que tu responsable directo haya caído en la cuenta del alcance de tus tareas tras haberte marchado (¡o despedido!)? «Ah, ¿pero él/ella se estaba dedicando a esto? Ah, no lo sabía».

¿Estoy diciendo con esto que te dediques a publicitar constantemente cada tarea con la que cumplas? No. De hecho, este post está más dirigido a los etiquetadores que a los etiquetados. A todos nos iría mejor si los que debieran haberse dedicado a explorar, analizar, reflexionar y conocer cumplieran con sus tareas, en vez de escuchar a estos otros vaguetes interesados (o bien serlo ellos mismos).

Y para eso, nada mejor que echar mano de los datos: ventas cerradas en tiempo y forma; tickets de soporte resueltos correctamente; informes elaborados de manera impecable; óptima comunicación con el cliente; sistemas de registro e imputación al día. Buena relación con los compañeros. Tareas cumplidas en el gestor de proyectos.

Los datos constituyen nuestra actividad desprovista de todo ornato, input publicitario, cháchara o desviación.

Honestamente, ese fue uno de los motivos que me llevó a escribir en este blog profesional. Contar. Mi. Propia. Historia.

Ahora, si te apetece, cuéntanos la tuya 🙂


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